• Susana Juárez

LOs univerSos impOsibLes DE NuEstros SueñOs

Primero debemos iniciar con algunos pensamientos aleatorios, los mezclamos con algunos de nuestros recuerdos del pasado para luego agregar aquello que escuchamos, las cosas que vimos, y algunas de las memorias que guardamos a lo largo del día, para terminar, agregamos nuestros sentimientos más personales… y ¡listo! Eso debe ser suficiente para alimentar una noche completa.

La experiencia universal de los sueños, transformada por lo singular y único de cada persona que los produce, han dado origen a una gran variedad de obras súper originales y hoy te voy a platicar de tres creadores que compartieron algún momento de sus vidas, que de cierta forma se influyeron entre sí, y sus obras se clasifican como parte del movimiento surrealista.


[Esta entrada acompaña al quinto episodio de «Gabinete de Curiosidades Fantásticas», si aún no has tenido la oportunidad de escucharlo, lo encontrarás esperándote aquí o en tu plataforma favorita para escuchar podcasts.]

La primera de ellas es Remedios Varo, pintora y escritora española que llegó a México en 1939 luego de salir de una Europa azotada por la segunda guerra mundial y por la guerra civil española. Su trabajo, que se compone de pinturas, dibujos y relatos, parece decirnos que existe otro universo: uno hecho de sueños ligados a la arquitectura, a la ciencia, a la magia y a la alquimia. Sus cuadros son poemas, narraciones y asombrosas visiones de mundos alternativos.


Remedios realizó una serie de relatos oníricos — es decir, relacionados a los sueños — que escribió en sus cuadernos para salvarlos del olvido al fijarlos en forma de texto. A continuación te comparto un extracto de uno de ellos, titulado «Plastilina»:


«Vi que todos ellos estaban trabajando con pedazos de plastilina dándole formas huecas, algo así como tacitas y cacerolitas que después podían comerse resultando altamente nutritivas. Pensé que gracias a una poderosa influencia psíquica sobre la plastilina podían transformar su composición y convertirla en algo digestible, pero vi que no era eso, sino que la plastilina no cambiaba en nada pero ellos podían dominar sus cuerpos gracias a su gran desarrollo espiritual y así digerir la plastilina con mucho provecho alimenticio. Era únicamente necesario que la plastilina no estuviese en bolas compactas sino trabajadas en formas huecas de paredes delgadas para contener la mayor cantidad posible de aire…»

Remedios Varo, «Papilla estelar», 1958. Pintura en óleo sobre masonite.


Remedios Varo, «Personaje», 1958. Pintura en técnica mixta sobre cartulina.


Remedios Varo, «El gato helecho», 1957. Pintura en óleo sobre masonite.

La segunda persona de la que te voy a hablar, fue una amiga muy cercana de Remedios Varo, su nombre es Leonora Carrington, de nacionalidad inglesa, llegó a México en 1942 también huyendo de circunstancias complicadas. Leonora pintó, esculpió, realizó grabados obras de teatro y escenografías en las que convertía sus sueños en verdaderas obras de arte.


En el mundo de Leonora, lleno de seres fantásticos y misteriosas atmósferas, la magia, lo irreal, y lo magnífico tienen un papel fundamental.


Realizó una serie de esculturas oníricas, de las cuales te voy a hablar de una en particular. Se titula «Cómo hace el pequeño cocodrilo», la realizó en el año de 1998 y muestra a siete cocodrilos, uno de ellos, el más grande, es también la barca sobre la cual navega el resto, otro cocodrilo es el barquero y los cinco restantes son la tripulación.


Leonora Carrington, «Cómo hace el pequeño cocodrilo», 1998. Escultura en bronce.


Esta escultura de bronce se encuentra en la ciudad de México, sobre su avenida más importante, el paseo de la reforma en su cruce con las calle Havre, mide ocho metros y medio de largo, pesa cinco toneladas, y se basó en el poema del mismo título escrito por Lewis Carroll, que forma parte de «Alicia en el país de las maravillas» y dice así:


« ¡Cómo hace el pequeño cocodrilo, aprovecha su brillante cola, se vierte las aguas del Nilo y así sus escamas dora! / ¡Cuán alegre se sonríe, qué bien extiende sus garras y al pececillo recibe entre sus fauces saladas!»

De esta misma escultura urbana hay una pintura y una escultura de mucho menor tamaño realizadas previamente por Leonora.

Para cerrar, te voy a hablar de un personaje muy peculiar, descrito por Salvador Dalí como «el más loco de todos los surrealistas juntos», un poeta y artista escocés, amigo de Leonora Carrington, y del cual no dudo que se haya inspirado un poco en su trabajo para crear lo que hoy se conoce como el Jardín Escultórico Surrealista de Edward James.


Edward James llegó a México al final de la década de 1940. Fanático del surrealismo y cautivado por la belleza del paisaje de Xilitla, visualizó en él un espacio único: un jardín de esculturas que desafiaba la arquitectura tradicional y mezclaba elementos de la fantasía y la realidad.


Este lugar es uno de los lugares más místicos y mágicos de México, se encuentra escondido en medio de la naturaleza, del pueblo de Xilitla, localizado en la región de la Huasteca, en el estado de San Luís Potosí. Con casi 38 hectáreas, este espacio alberga más de 30 esculturas inmensas hechas de concreto llenas de columnas de flores gigantes, arcos góticos, puertas dramáticas y escaleras de caracol que terminan en el aire. Además, el jardín cuenta con grandes pasillos, algunos que llevan a pozas de agua y cascadas naturales y otros sin rumbo, como si fueran un laberinto.



Hoy este espacio, que una vez fue una residencia privada, está abierto al público y puede ser experimentado por todos aquellos que lo visiten.

Y para terminar con esta entrada, voy contarte lo que llegó a hacer Lewis Carroll para registrar sus sueños ya que a él se le ocurrían muchas ideas y hacía muchas reflexiones en medio de la noche, las cuales quería registrar para retomarlas en el día, pero no le gustaba tener que levantarse, buscar fuego y encender su vela porque se despabilaba demasiado y se le hacían borrosas las ideas, además de que no le gustaba que le diera frío.


Después de mucho experimentar con distintos métodos se le ocurrió diseñar una plantilla con huecos cuadrados que le permitía tomar apuntes sin necesidad de salir de la cama o incluso prender la luz. En cada uno de los huecos de esta plantilla escribía una letra de un alfabeto hecho de puntos y rayas que también inventó, y para saber en la mañana, ya con luz, cuál era el sentido correcto de lo que había escrito y luego poder traducirlo, todo su alfabeto iniciaba con un punto grueso en la esquina superior izquierda. A este tipo de escritura la llamó «nictografía» y a la plantilla la llamó «nictógrafo».


Puedes aprender este alfabeto y practicar hasta dominarlo en total obscuridad, o puedes usarlo como un lenguaje secreto para escribir aquello que no quieres que nadie más descifre.


Reconstrucción de un nictógrafo, un dispositivo inventado por Lewis Carroll en 1891 para transcribir pensamientos y sueños en la obscuridad. Recortado a partir de un sobre, según las especificaciones originales de Carroll, con una moneda de cinco centavos de euro para comparar el tamaño.


Lewis Carroll. Nictografía (alfabeto taquigráfico), 1981.


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